viernes, 16 de marzo de 2012

Chauen y Parque Nacional de Talassemtane

Semana blanca en Chauen...



Senderismo por el Parque Nacional de Talassemtane.



Recorriendo las cascadas del río Kela.





En los impresionantes paredones calizos que abre este río hay bosquetes de "Araar", una cupresácea propia del Norte de Africa y de la que solo se conoce una población en Murcia.




Las piñitas características de esta especie lo corraboran: se trata de Tetraclinis articulata.






Al día siguiente descansamos de taxistas suicidas y no salimos de la medina añil...







































lunes, 20 de febrero de 2012

Crasuláceas

Una muestra de las crasuláceas que florecen en mi jardín desde hace varios años.
































































martes, 30 de agosto de 2011

Glaciar del Aneto






Hace 8 años me decidí a subir hasta el Aneto después de varias visitas al valle de Benasque en el Pirineo aragonés. Es la cumbre más alta de la cordillera y la segunda de la península ibérica a pocos metros del Mulhacén. Como en esa época usaba diapositivas, he tenido que digitalizar algunas de ellas y han perdido calidad en el proceso, pero servirán en los próximos años para evaluar el deterioro de los últimos glaciares en estas montañas. La parte más clara corresponde a la nieve del último invierno y la más oscura es el hielo propio del glaciar (la acumulación de muchos años) que se va deshelando; en sus flancos se ven las morrenas de una época más fría conocida como Pequeña Edad del Hielo que se produjo en el siglo XV



A pesar de haber perdido en los últimos 20 o 30 años su frente, todavía presenta en la parte más alta, pegada a las cresterías una superficie de hielo y nieve que le dan a esta montaña un aspecto alpino y de verdadera alta montaña, dominada por los hielos y las rocas. Han quedado atrapadas en el hielo enormes rocas caidas desde las aristas graníticas que comienzan su camino hasta el valle.



Cuando se camina por la zona que ha perdido la nieve más reciente se tiene la sensación de caminar sobre un bloque de hielo derritiéndose.




Eduardo Martínez de Pisón, geográfo y montañero, define muy bien las sensaciones que se tienen al acceder a la cumbre: "Es el roquedo característico del granito el que define texturas, colores, formas del paisaje de las crestas agudas, de las paredes oxidadas, de los circos amplios, de los arenosos lechos glaciares, de los fondos de los ibones transparentes y de los bruscos y arañados umbrales de los altos valles."



Dos ibones o lagos en el fondo de una antigua cubeta glaciar en la cara sur del Aneto.




Y sorprende también encontrar plantas con flores por encima de los 3.000 metros, como esta saxífraga (Saxifraga pubescens) en las grietas del roquedo que acaba de perder la nieve. También encontré una curiosa poligonácea: Oxyria digyna y un raro ranúnculo de flores blancas difícil de determinar, entre otras cosas, porque cada vez que me paraba a fotografiar una planta detenía a todo el grupo que se empezaba a desesperar.



Si se desciende después de la cumbre y del glaciar por el lado opuesto al que hemos seguido para subir, vamos a seguir el camino que lleva el agua proveniente del deshielo, llegando al impresionante valle de Barrancs, por el que ha bajado no solo el agua, sino tambien todas las rocas, desde enormes bloques hasta gravas de granito. En muchos puntos de este valle los arroyos van escondidos entre enormes bloques.




Al salir del valle de Barrancs por un portillo escarpado, aparece de forma inesperada un enorme llano en medio de todas estas montañas; seguramente se trate de una antigua cubeta glaciar como las que suele haber al principio de cada valle y que se ha colmatado de sedimentos y de turba desde que se retiraron los hielos al final de la última glaciación.



Toda el agua del deshielo proveniente del glaciar y de las otras vertientes se remansa y finalmente cae por una vistosa cascada conocida como Aigualluts.


Es la imagen por excelencia del valle de Benasque.


Pero lo que parece el comienzo de una vía fluvial, en concreto el nacimiento del río Esera, que atraviesa todo el valle de Benasque y la comarca de la Ribagorza para terminar después en el Ebro y en el Mediterráneo...


cae dentro de una sima ("forau" le dicen por aquí) y desaparece en un lecho de gravas, quedándose la cabecera del valle desprovista del caudal de agua proveniente del deshielo. Mediante marcadores químicos se detectó hace unas décadas que el agua aparecía después en el cercano valle de Arán, para engrosar las aguas del río Garona, de vocación atlántica. Así pues, la geología ha marcado un camino oculto al agua.


Además de esta "curiosidad" geológica e hidrológica, lo más sugerente es ver un glaciar que en el punto más álgido de la última glaciación (hace unos 17.000años) tenía una lengua con más de 15 kilómetros de longitud y una altura del grosor del hielo en torno a los 600 metros, reducido a su mínima expresión y convertido casi en un helero que puede desaparecer en pocas décadas. Seguramente este ciclo geológico se ha repetido otras veces en los últimos millones de años, pero tener la ocasión de contemplarlo en el marco de una vida humana, es sobrecogedor.


Además de estas "profundas" meditaciones daba tiempo para remansarse en la vegetación. Abundaban de sobremanera los helechos del género Dryopteris, tanto en las grietas del roquedo, en el piso subalpino, como en el sotobosque de hayedos, pero me llamaban la atención los escasos ejemplares de Athryum que enontré.




También eran frecuentes los ejemplares de Polystichum, con dos especies : lonchitis y aculeatum. También vi una buena población de Blechnum spicant en el barranco de Remuñe.


Y la psicodélica siempreviva de montaña.



Junto a la misma cascada de Aigualluts crecía esta rara planta de la familia de las compuestas, donde no abundan los colores rojos, se trata de Adenostyles aliaria.



En esta época florecían tres especies distintas de acónitos, esta es Aconito vulparia. Una de las plantas más tóxicas y que el ganado evita, por lo que es muy frecuente.


Y este azafrán silvestre: Merendera montana.














































martes, 12 de julio de 2011

Limonium emarginatum

En 1837 el suizo Edmond Boissier visitó Andalucía y realizó una excelente descripción botánica de sus montañas. En una de sus etapas hizo parada en Gibraltar y descubrió en la parte más abrupta del peñón esta planta, a la que conocía con el nombre de Statice emarginata. Ignoro donde había sabido de esta planta, aunque conocía los trabajos botánicos de malagueños como Haenseler (precisamente sus citas le llevaron a clasificar el pinsapo como un abeto) y podemos suponer que ya era conocida. Cuenta en su "Viaje botánico al sur de España" que .. "el pie de la roca estaba tapizado por una multitud de bellas plantas y entre ellas descubrí unas gruesas matas de la elegante Statice emarginata que empezaba a florecer pero que desgraciadamente crecía fuera de mi alcance. No obstante pude recoger algunas muestras trepando por la roca a una distancia de unos veinte pies, provocando la alarma de un centinela que vino corriendo al imaginarse que iba a tomar la fortaleza por asalto y se tranquilizó sobre mis intenciones cuando vio mi pase".
En un principio fue considerada como endémica del Peñón, pero después se comprobó su presencia en los acantilados entre Algeciras y Punta Caraminal por el norte y próxima a Ceuta por el sur. Aunque es una planta de distribución muy localizada, sus poblaciones son bastante numerosas, y está clasificada como Especie Vulnerable en la Lista Roja de la Flora Amenazada de Andalucía. Sus principales amenazas son la ocupación del litoral y las especies vegetales colonizadoras como Carpobrotus que invade las rocas donde crece esta planta y la ahoga.



Sus hojas forman unas cepas perennes de hasta 50 cm de diámetro de las que salen unos tallos ascendentes con numerosas espiguitas de flores rojas-viláceas.



Un buen sitio para observarla es la Punta del Caraminal, en la parte occidental de la ensenada de Bolonia, junto a la enorme duna, y sin correr los riesgos que sufrió Boissier.








viernes, 20 de mayo de 2011

La planta que no encontré

En 1904, un religioso de Albarracín (Teruel) publicó un librito sobre las plantas de esta localidad y sus alrededores. Don Bernardo Zapater, que así se llamaba, se había formado en Madrid como naturalista, participó en la fundación de la Real Sociedad aragonesa de Ciencias Naturales y colaboró con naturalistas de toda Europa; todavía es valorado su catálogo de lepidópteros.



En estas últimas vacaciones me dediqué a buscar las plantas que cita, En uno de los parajes más bonitos de los alrededores de Albarracín (La Losilla Alta, un escarpe de "rodeno", una arenisca roja) había recogido unas muestras de helechos poco frecuentes. Una tarde curioseando entre las grietas de estas rocas y solo encontré Asplenium adiantum-nigrum y Cystopteris fragilis. Habrá que volver a principios de verano para buscar el resto.



Cystopteris fragilis





Un buen número de plantas descritas por él pasaron a llevar su nombre como especie. Años después lo perdieron por haber sido descritas antes por otros botánicos españoles o europeos. Solamente una, Draba zapateri, lo sigue llevando, y a su búsqueda me lancé siguiendo las descripciones que había dejado marcadas en su libro. NO LA ENCONTRE. Eso sí, pude ver otras que no esperaba pero que estaban ya en flor por ir la primavera un poco adelantada, entre ellas varias de la familia de las Crucíferas, como Hormathophilla spinosa que está sobre estas líneas y que poblaba los roquedos próximos a la ciudad de Albarracín.




Lunaria annua





Una de las que más me sorprendió fue esta rosácea: Prunus prostrata, que solo había visto antes en la Sierra de las Nieves, en Málaga, cerca del Torrecilla y que se encontraba en su esplendor debajo de la misma muralla que rodea la ciudad.




Prunus prostrata






También de la familia de las rosáceas es el guillomo (Amelanchier ovalis) que nunca había visto en flor pero que tenía un aspecto espectacular en los montes próximos.






Amelanchier ovalis

Supongo que cuando no se encuentra algo largamente buscado es porque el futuro te depara conocerlo en otras circustancias más provechosas. otra primavera será...